Somos alcalinos

23 mayo, 2012

© Aina Climent Belart

© Aina Climent Belart

La primavera es época de limpieza tanto interior como exterior. Lavamos cortinas y la ropa de invierno para guardar, y en el plano interno el hígado y la vesícula precisan también de una buena limpieza. Acumulamos mucho durante el invierno por lo que hay que limpiar, vaciar y soltar. Y muy especialmente en esta primavera de 2012…

Una alimentación excesivamente ácida y algunas emociones como el miedo, el resentimiento, las preocupaciones y el estrés acidifican la sangre y envenenan los tejidos. Expulsan el oxígeno que las células precisan para mantenerse sanas. Desechos de ácidos que afectan el sistema nervioso, endocrino e inmunológico, a la salud general.

Somos alcalinos, las células respiran y se regeneran en un medio alcalino. Resentimientos, rencores y miedos nos acidifican, vuelven ácidas nuestras células y enfermamos. De las relaciones suelen quedan residuos que pueden hacernos  enfermar. No estamos en paz ni con nosotros mismos ni con los demás; algunas veces podemos hablarlo, ponerlo en su lugar con la persona con la que tenemos el conflicto, otras veces este trabajo no es posible. En esos casos podemos hacerlo a solas.

Me hago daño a mi misma cuando hago daño a los demás, no solo porque meto una estocada directa a mis relaciones, daño a las personas que me nutren y destruyo la confianza que han depositado en mi, sino también porque lo que rechazo, juzgo, descalifico, desapruebo y critico en los demás es justamente lo que no me gusta de mi. Me estoy rechazando,  criticando y juzgando a mi misma.

Otras veces permito que me dañen cuando no pongo límites, me callo, me lo trago y no me autoafirmo. No expreso mi verdad y eso genera resentimientos. Y no lo hago por miedo a enfadarme, por proteger la relación, por no echar más leña al fuego… y eso tampoco es bueno. A veces nos cuesta perdonar el daño que nos han hecho, pero la tarea principal es perdonarnos a nosotros mismos por haberlo permitido, por no haber sabido poner límites. Estar en paz conmigo y con el mundo conlleva un trabajo interno de auto perdón. Estar en paz nos alcaliniza.

“Solo mi propia condenación me hace daño. Solo mi propio perdón me puede liberar. Toda forma de sufrimiento oculta algún pensamiento que niega el perdón. Y el perdón puede sanar cualquier forma de dolor” UCDM L 198.

 

En esta línea se encuentra el Ho’oponopono: “Lo siento, perdóname, gracias, te amo”, en primer lugar hacia uno mismo. Además de amarme, respetarme y valorarme, necesito perdonarme a mí misma por lo que hago a otros y permito que me hagan. Entonces emerge la   reconciliación, intrapsíquica e interpersonal. El perdón nos conduce al verdadero Amor.

Más allá del enfado está la autoafirmación, decir la propia verdad con serenidad. La práctica de “ser inofensivo”, no hacerme daño ni dañar al otro va necesariamente unida a la autoafirmación. La rabia, el rencor, los resentimientos y el miedo nos acidifican, y el ácido no es un buen caldo de cultivo. Genera enfermedades,  destruye las defensas del organismo, el sistema inmunológico. La paz, la reconciliación y la confianza nos alcalinizan. Es un medio nutricio que favorece la vida, el crecimiento, la salud.

Las enfermedades provienen de emociones no procesadas, reprimidas, estancadas. El miedo esta presente en muchas de ellas, afecta a los riñones, las glándulas suprarrenales, a la energía vital. Bloquea la motivación y el entusiasmo. La vesícula biliar puede resultar resulta dañada por el temor a la pérdida, la desilusión y la falta de confianza en la vida. La ira es necesidad de autoafirmación,  de expresar la propia voz, renunciar a complacer indiscriminadamente, pero cuando se convierte en resentimiento y rencor se instala en el plexo solar, bloquea la energía y dificulta que ésta acceda al corazón, afectando al hígado, la digestión y el sistema inmunológico.

Las emociones se vuelven negativas cuando las reprimimos. Cuando las aceptamos y las procesamos fluyen, entonces se pueden transformar. Cuando puedo llorar y tomo conciencia de los resentimientos por medio de la expresión verbal y los masajes en la zona del plexo solar entonces aparece un sentimiento de paz y liberación.

La autoafirmación es necesaria para un verdadero crecimiento personal. Es la manera de manifestar quien uno es verdaderamente, revelar la propia esencia, lo que significa perder el miedo a no ser amado, a ser criticado, rechazado o cuestionado. Sentirse libre para ser quien uno es, atreverse a decir “NO”, ser autentico.

Para liberar el pasado hay que disponerse a soltar, a perdonar. Soltar el miedo, el resentimiento y el rencor nos libera y sana. Alimentar resentimientos y aferrarse a “tener la razón” nos daña. Hemos de tomar contacto con las emociones, identificarlas y aceptarlas para poder transformarlas. Preguntarnos: ¿Qué hay detrás de esta emoción? ¿Cuál es mensaje esta enfermedad? Detrás de cada situación conflictiva hay un aprendizaje, un regalo, la oportunidad de un crecimiento personal.

La enfermedad nos da la oportunidad  de reestablecer la armonía interior y reconciliarnos con nosotros y con los demás. Conectar con lo que internamente nos está pasando, meditar sobre cómo nos cuidamos o nos “mal tratamos”. Revisar relaciones, emociones y alimentación. La enfermedad nos hace humildes, destruye las defensas egoicas, los muros que con tanto empeño construimos para protegernos. A más amor menos necesidad de defensas egoicas.

Una vez más me sorprendo al ver que la parte que enferma es la que sana, la que busca sanar. Es una aliada que señala hacia donde hemos de mirar, ver que sucede, que está pendiente o sin resolver. Es una crisis que nos lleva a dar un paso más hacia la paz, la reconciliación y la conexión con el alma.  Acojer la enfermedad, abrazarla y hacer las paces con ella posibilita ir un poco más allá, aprender a cuidarse un poco mejor, reconocer los propios límites y respetarlos, favorecer un estado alcalino en sangre.

Alimentar la confianza en la vida fortalece el sistema inmunitario. Necesitamos confiar en nuestro poder personal, confiar en el proceso interior que en ocasiones transita territorios arduos, secos y pedregosos para conectar con el propósito de nuestra alma. Cuando encontramos sentido a lo que nos sucede podemos generar cambios, recuperamos la paz y volvemos a confiar en la vida y en sus misteriosos procesos cuyo sentido es proporcionar nueva información, Luz y conciencia para manifestar la propia energía vital y seguir avanzando en nuestro viaje hacia el corazón.

 Texto original © Ascensión Belart.

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