Deseando amar

18 octubre, 2012

Foto © Aina Climent Belart

Foto © Aina Climent Belart

El otro día lo vi claramente en una pareja en consulta a quienes les encanta pelearse. Vi que las defensas, los ataques y contraataques son puro miedo a la intimidad, miedo a mostrar la vulnerabilidad, a dejarse ver y ser herido. Despliegan sus defensas para evitar dejar ver lo que de verdad sienten, necesitan o les gustaría. Prefieren enseñar una coraza defensiva a decir: “me siento triste, me siento inseguro, tengo miedo”.

En las relaciones de dependencia se fluctúa entre la lucha por el control, el sentirse atrapado o abandonado, y se generan peleas para conseguir espacio y coger fuerzas para la próxima. Cuando se deja espacio y aflojan un poco las cadenas de la dependencia suelen sentir un vacío, dudas sobre si en realidad hay algo entre ellos, y en el fondo se preguntan: ¿quien eres tú en realidad? Están deseando amar pero hay miedo a la intimidad. Ambos se esconden, se protegen detrás de la máscara por miedo a ser vistos… y así evidentemente no puedes conocer al otro.

Hay que liberarse de la prisión de las defensas egoicas, del miedo, el orgullo, la vanidad, la dependencia, la manipulación, el control, la falsedad. Liberarse de las proyecciones de aspectos que uno no quiere ver en sí mismo y de los que acusa al otro, superar el miedo a exponerse y atreverse a ser auténtico.

El único camino es tomar conciencia y reconocer lo propio, ser honesto y admitir -aunque cueste- que hay cierto placer en herir, castigar, culpar, generar conflictos y luchas de poder. Ese despliegue defensivo es en realidad una cortina de humo, miedo a exponerse, a mostrarse emocionalmente vulnerable. Sin embargo, según se le atribuye a Lao-Tse Cuando te des cuenta de que lo que haces al otro te lo haces a ti mismo habrás entendido la gran verdad. Todo rechazo manifiesta una falta de amor por uno mismo.

Es un desafío, un acto de valentía abrir el corazón y exponerse, dejarse ver. Te veo dicen en la película Avatar. Para ello, uno tiene que tomarse el tiempo para conocerse, cultivar la intimidad y estar presente para sí mismo. Solo entonces se puede ser transparente, estar cómodo en la intimidad y presente para el otro, en un proceso de conocer y dejarse conocer, de honrar y respetar al otro, de involucrarse emocionalmente de verdad. Que liberación! Entonces se convierte en una relación de alma a alma.

Texto original © Ascensión Belart.

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 Aina Climent      http://ainacliment.tumblr.com/

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