Falling in love

20 abril, 2013

Foto © Aina Climent Belart

Foto © Aina Climent Belart

 Es primavera. En el reino animal se repiten una y otra vez los rituales de cortejo y acoplamiento, en los seres humanos es el momento ideal para enamorarse. Y así, a veces después de una larga andadura en solitario, como un regalo, nos sorprende el amor. Uno se prepara conscientemente para la llegada del amado, de la amada, y cuando llega siempre sorprende. Los caminos se habían ido cruzando sin que lo supiésemos, las almas se buscaban, sucede que alguno de los dos se fijó primero en el otro.

Después del desierto aparecen los tapizados de flores de plantas crasas. Las almas se sienten, se presienten, se reconocen antes de que lo hagan los sentidos. Hay resonancias, detalles que resuenan en el interior, que nos son familiares y reconocemos porque son propios. Cuando uno lleva un tiempo integrando su masculino y femenino ya no busca a alguien que le complemente, se precisa la paridad, la igualdad de rango.

La escritora Pinkola Estés en Mujeres que corren con lobos escribe: “Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando nos busca a nosotros, y que si nos quedamos quietos nos encontrará. Es algo que lleva mucho tiempo esperándonos. En cuanto llegue, no te muevas, descansa, Ya verás que ocurre a continuación”. La mujer puede ser receptiva, descansar, y dejar al hombre que haga sus avances, conquiste territorios, se adentre en lo desconocido. Jugar a ver al otro y dejarse ver. Mirarse en las profundidades, perderse en los paisajes interiores, en los bosques y lagos de los ojos del otro, que es el propio paisaje también.

Sorprenderse al reconocer a la persona que aparece porque desde siempre se andaba buscando. Ernesto Sabato en su novela Sobre héroes y tumbas lo explica así: “No hay casualidades sino destinos. No se encuentra sino lo que se busca, y se busca lo que en cierto modo está escondido en lo mas profundo y oscuro de nuestro corazón. Porque si no, ¿cómo el encuentro con una misma persona no produce en dos seres los mismos resultados? (…) Así, marchamos un poco como sonámbulos, pero con la misma seguridad de los sonámbulos, hacia los seres que de algún modo son desde el comienzo nuestros destinatarios”.

Ver al hombre, a la mujer real, soltar las proyecciones, ilusiones, fantasías y sueños que tal vez ayudaron a invocar, a hacer el pedido con claridad al Universo. Una vez aparece nos despedimos de las fantasías y saboreamos al ser real. Dice Bert Hellinger: “Amar significa decirle a alguien: si, te quiero tal como eres, aunque no respondas a mis sueños y esperanzas, el hecho de que existas me alegra más que mis sueños”.

En El buen amor en la pareja Joan Garriga nos dice que el enamoramiento es “me mueves mucho, te veo poco” y el amor “ahora voy viendo mejor quien eres, y me mueves lo suficiente para elegirte y continuar un camino común”. Un poco más allá está la entrega que significa “te quiero a ti y también quiero aquello que a ti te dirige sea donde sea donde te lleve”. Es amar en el otro su propio viaje.

Enamorarse es experimentar que la vida nace de nuevo, el estado naciente de Alberoni, con todos los síntomas de enamoramiento real, una extraordinaria oportunidad para renacer, para imprimir un salto evolutivo en el proceso de individuación. Para ir un poco más allá, hacia un amor incluyente más profundo y más amplio que todo lo abarque.

Conocer al otro y dejarse conocer. Conocer sus heridas, marcas y cicatrices, las huellas del paso de la vida. También sus lugares, rutas y rincones, sin intentar atraparlo o cosificarlo. El, ella es un ser real, con su historia personal y familiar, su bagaje, dolores y amores, luces y sombras. Hay que respetar su historia sin inmiscuirse en sus asuntos, cuidar del otro de la misma manera que uno ha aprendido a cuidar de sí mismo, con cariño y respeto. El, ella no está para sostenerme aunque a veces me sostenga, está para amarme. Y amar es dejar libre al otro. Antony de Mello lo expresa así:

Te dejo que seas tú mismo,

que tengas tus propios pensamientos,

satisfagas tus propios gustos,

sigas tus propias inclinaciones,

que te comportes tal y como decidas que quieres hacerlo.

Abrazar la vida del otro. El impacto del encuentro de una vida sobre la propia vida, asombrarse de todo lo que ha tenido que suceder desde tiempos remotos para que dos seres se encuentren. Dos caminos se cruzan, estaban destinados a cruzarse. El misterio de las conexiones y sincronías del Universo, las leyes del karma. Ya sabemos que Dios no juega a los dados.

El erotismo juega un papel fundamental, que te guste el otro físicamente, tocarlo, acariciarlo, besarlo. Reír, jugar, sentir alegría por la existencia de él, de ella. Tener la certeza de que fue bueno tener paciencia y confiar en el  Universo generoso y sabio. Conocer también el universo del otro y mostrar el propio universo a riesgo de no ser comprendido. Tener el coraje de exponerse, soltar miedos y elegir amar en vez de protegerse del dolor. Permitirse ser amoroso, tierno, romántico, afectuoso. Ser el niño, la niña que se ilusiona, sorprende, juega, crea. Y experimentar que cuando cada uno sostiene a su niño interior todo se simplifica, resulta más fácil.

Querer verle feliz, hacerle reír, que sus  necesidades, sentimientos y proyectos te importen casi tanto como los tuyos, sabiendo que no sois medias naranjas sino naranjas enteras. Y la importancia de la mirada como reminiscencia de la mirada amorosa e incondicional de la madre al bebé. Ver al otro, ver el alma del otro, ver como se manifiesta el alma del otro en su cuerpo, como se yergue en el mundo. Dejarse ver, ser como uno es, mostrarse sin defensas, vulnerable, inofensivo,  transparente.

                             Foto © Aina Climent Belart

Foto © Aina Climent Belart

El enamoramiento es transfiguración, dice Alberoni, una afinidad y sintonía entre desconocidos, ver el mundo con los ojos del estado naciente. Un mundo nuevo, resplandeciente y luminoso se abre ante los enamorados. Una experiencia de renacer que sigue al deseo de una vida nueva, un salto cuántico que se anhelaba desde hacia tiempo y que precisa de una muerte y resurrección. Es belleza, renacimiento, despertar, creatividad. Enamorarse es un proceso, en inglés falling in love, es dejarse caer, rendirse a la experiencia de lo que sucede, soltar miedos y resistencias momento a momento. El amor acontece, se da sin explicaciones, por eso se vive como un milagro, un don, una gracia.

Estar enamorado es vivir un estado de realidad transitorio en el que se experimenta la plenitud de la vida, significa que “esto también pasará” y que no se ha de intentar atrapar sino fluir en el presente. Enamorarse es en muchas ocasiones proyectar en el otro lo que queremos ver, de ahí la importancia de no engañarse y distinguir entre lo real y lo ilusorio. Ahora bien, es junto con las experiencias de muerte el momento en el que vemos la esencia del otro, que es la propia esencia. En el amado, en la amada vislumbramos aquellas cualidades que uno mismo encarna, valora y aprecia: belleza, grandeza, luz.

Enamorarse es abrir el corazón y exponerse a ser herido, y permanecer expuesto al dolor, a la desilusión, a la decepción. Después, con suerte, se puede transformar en amor y proyectar al futuro, crear algo entre los dos y hacer de ello un camino de crecimiento personal, asumir el compromiso de crecer juntos. Según Alberoni: «Una pareja sigue enamorada si las dos personas cambian, crecen, se transforman y se reencuentran, se redescubren, y se vuelven a ver con los ojos resplandecientes del estado naciente».

El verdadero amor tiene un precio elevado. Es el precio de la valentía de un camino en solitario en el que uno aprende a amarse, respetarse y cuidarse para poder hacerlo después con el otro. El precio del coraje de atreverse a abrir el corazón y mostrarse vulnerable puesto que abrirse al amor es hacerse candidato al dolor. Ahora eres consciente de que antes o después lo perderás. Un precio que hay que pagar por adelantado y que las personas de poca fe no están dispuestas a costear. Ahora bien, tengamos en cuenta que una vez el sueño del amor se hace realidad y se encarna la única moneda que el Universo acepta es la gratitud. Gracias.

Texto original © Ascensión Belart.

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© Aina Climent http://ainacliment.tumblr.com/ 

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