Tiempo de barbecho

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© Aina Climent Belart

Todo en la vida son ciclos, procesos y transiciones. Después de un período de crisis, de pérdidas y duelos, después de un détox emocional es recomendable un tiempo de barbecho. El otoño es buen momento al ser una transición hacia el invierno, un tiempo que favorece la quietud, el recogimiento, la introspección, la mirada interior y la conexión con uno mismo. Jung escribió: “Quien mira hacia afuera sueña, quien mira hacia dentro, despierta”. Un tiempo de barbecho es lo que se necesita para dejarse en paz, seguir sanando y prepararse para una nueva relación íntima. Un tiempo para regenerarse, autorregularse y cultivarse interiormente. Sigue leyendo

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Détox emocional, détox alquímico

Ellen Auerbach

Ellen Auerbach

La cura para todo es siempre agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar. Karen Blixen

Cuando la vida nos pone frente a su cara menos amable, cuando experimentamos pérdidas, muertes y duelos, y también cuando se termina una relación, es imprescindible hacer un détox emocional. Las pérdidas nos remueven hasta los cimientos, nos desestabilizan y hacen perder pie, nos suscitan emociones como dolor, miedo, frustración, rabia, culpa, resentimiento, tristeza y confusión; emociones que generan residuos que debilitan y apagan la luz de nuestro corazón. Bien pensado, la noche oscura del alma puede trascenderse a través de un détox alquímico.

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En el ápice del alma

Thomas Rowlandson

Thomas Rowlandson

Que llegue quien tenga que llegar, que se vaya quien se tenga que ir, que duela lo que tenga que doler… que pase lo que tenga que pasar. Mario Benedetti

Somos muchos los que anhelamos una relación en la que revelar la propia alma, una relación a la que entregarnos, en la que compartirnos y seguir creciendo. Ahora bien, es un hecho que todo lo que empieza tiene su final, por lo que antes o después llega el momento de decir adiós. Nos acompañamos un tramo del camino hasta un cierto lugar. A veces sencillamente no se puede continuar, los egos ganan la partida, no se termina de encajar, no se respeta la individualidad. Uno se siente extenuado, frustrado y vacío, por eso se queja, protesta y se enfada, posiblemente porque no se ha sido honesto y fiel sí mismo. Se han hecho demasiadas concesiones, se esperaba del otro aquello que no podía dar, o bien no se han respetado verdaderamente las necesidades y los anhelos del alma. Entonces llega el amargo momento de decir: nos rendimos. Hicimos lo que pudimos, no supimos más. Sigue leyendo

Polvo en el viento

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© Aina Climent Belart

Hay períodos en los que la Vida nos vapulea, sacude y nos da un buen revolcón. En menos de dos años, he perdido a tres personas muy allegadas: a un hermano, a mi madre y al padre de mis hijos y compañero durante dieciocho años. En efecto, hay momentos en los que la Vida nos muestra su lado amargo, sus fauces oscuras y devoradoras que arrasan parte de nuestras relaciones significativas. Hay sucesos que nos dejan perplejos, estupefactos y desconcertados; que nos hacen sentir diezmados, hechos añicos, conmovidos. Ahora bien, las pérdidas pulen las aristas de nuestra arrogancia, del orgullo, la vanidad y toda la sarta de pequeñeces de nuestro ego. Nos llevan más allá de nosotros mismos -a dónde nunca imaginamos-, posiblemente para que la valoremos, honremos y no la demos por hecho. Para que aprendamos a discernir entre lo que tiene importancia  y lo que no la tiene. Sigue leyendo

La divina impermanencia

© Aina Climent Belart

© Aina Climent Belart

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar. A. Machado.

El verano pasado fue para mí un tanto complicado porque murió mi madre. Al mismo tiempo, una persona muy allegada a mí se encuentra desde hace varios meses en un proceso de enfermedad terminal. Estos hechos coincidentes me llevaron a una noche oscura al confrontarme, no solo con la impermanencia, la vulnerabilidad y las pérdidas en general, sino con mi propia muerte y, como no podía ser de otra forma, también con la vida. Una vez más, tomo plena consciencia de la impermanencia de todos los fenómenos y la finitud de toda existencia. Sigue leyendo

Perdonar es sanar

Foto © Aina Climent Belart

Foto © Aina Climent Belart

Amar, aceptar, perdonar son palabras que en los últimos años escuchamos continuamente; sin embargo a veces no sabemos bien cómo hacerlo, de hecho varias personas me han preguntado cómo se hace, cómo perdonar y aceptar lo que pasó. Desde una perspectiva espiritual, hemos de asentir a lo que es y a lo que fue, a lo que vivimos y sucedió. Algunas personas inconscientemente saben que es bueno perdonar y dicen: “Mis padres lo hicieron lo mejor que pudieron”, y con esto creen haberlo resuelto. Y en efecto, todos lo hacemos (y lo hicimos) lo mejor que podemos (y pudimos). Ahora bien, no es posible superar ni trascender el dolor que negamos, minimizamos u ocultamos. Aunque estemos comprometidos en un proceso espiritual, no somos santos, somos seres humanos, niños heridos en el corazón. ¿Cómo podemos perdonar, verdaderamente, a padres y ancestros? Sigue leyendo

Ríos de lágrimas

Foto © Aina Climent Belart

Foto © Aina Climent Belart

“Mis palabras son aire, y van al aire… mis lágrimas son agua y van al mar”. Manzanita.

Hay personas que lloran con relativa facilidad y otras que bloquean su necesidad de llorar. Para algunas su motivación profunda es huir del dolor mientras que otras sienten que existen en la medida en que sufren y se apegan a él. Más allá de estos posicionamientos polarizados, es bueno saber que las lágrimas son liberadoras, contienen analgésicos naturales que atenúan el estrés, son un bálsamo para las heridas del desamor, aligeran el corazón apesadumbrado, consuelan y reconfortan en el adiós. Las lágrimas no derramadas oprimen el corazón y generan ansiedad. Como dijo Frida Kalho: “Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior”. Sigue leyendo