Lo nuevo

© Aina Climent Belart

© Aina Climent Belart

 Lo nuevo es un territorio virgen, inexplorado, es un salto cualitativo a otra dimensión. Lo nuevo ensancha la perspectiva, es estimulante, está vivo, es pleno. Es un sendero desconocido que requiere estar atento y despierto. Lo nuevo tiene otro sabor, otros sonidos y olores, nos deja perplejos, alegra y enciende el corazón. Sigue leyendo

Canto a mí misma

Después de recorrer un buen tramo de Camino puedo afirmar que me amo, me valoro, me respeto, me escucho, me sostengo y acompaño con amor.

Reconozco que ha sido un largo proceso en el que durante más tiempo del que me hubiera gustado me he criticado, desvalorizado, abandonado; me he comparado, rechazado y estado en guerra conmigo.

Lo bueno es que ahora sé lo que necesito, lo que me gusta y lo que me hace bien; ahora se priorizarme, atenderme, darme todo aquello que necesito y estar conmigo a las duras y a las maduras.

He lidiado con mis sombras, recorrido valles oscuros, senderos polvorientos, solitarios desiertos y hondonadas desamparadas. He disfrutado de oasis y vergeles que se han esfumado y experimentado ilusiones hechas añicos y sueños rotos.

He recorrido un largo y tortuoso camino hasta llegar a mi corazón, a mi niña tierna y cariñosa y también a la mujer salvaje, intrépida y desafiante que soy, Kali la regeneradora en constante búsqueda, indagación, reconocimiento e integración.

No creo que haya nada comparable a elegir comprometerse y transitar el camino de la autodependencia. Un proceso en el que ha tomado una importancia fundamental integrar mi arquetipo masculino para dejar de pelearme y perderme en mi relación con los hombres.

Y para ello, he propiciado que mi parte masculina y femenina se vean, se reconozcan, se validen y reconcilien, lo que me ha proporcionado un valor, un poder y una paz que ya es felicidad.

Un proceso cuyo sentido último es integrar para entregar y entregar para integrar, en concordancia y asentimiento a lo que Es.

Desde que tengo memoria he querido conocerme a mí misma y más tarde aceptarme en todas mis partes, aunque no me gustasen; perdonar mis errores, valorar mi proceso, superar miedos y adversidades acompañándome y siéndome fiel, y no ha sido un recorrido exento de dificultades.

Hoy canto, celebro y agradezco el amor por mí misma y en días claros siento mi grandeza al haber trabajado en trascender mi personalidad para reconectar con mi esencia o Ser Superior.

Ahora soy una mujer serena, fuerte y vulnerable, a veces indómita, dócil y contradictoria. Una mujer que ha sufrido y ha gozado, que se está enraizando, floreciendo, empoderando. Una mujer que es buena compañía, que sabe escuchar y disfrutar, creativa, divertida y a veces un poco melancólica.

Una mujer feliz, agradecida y empática con una notable necesidad de preservar su tiempo y espacio. Una mujer leal, intuitiva y compasiva, que hiere (y se hiere) cuando no respeta sus ritmos y necesidades. Una mujer con cicatrices de heridas de guerra, amiga, hermana y madre.

Ahora soy mejor YO para crear un NOSOTROS. Y para ello, me permito estar a mi aire, dejarme ser, darme mis tiempos y espacios de recreo para cuando sea el momento explorar junto a un hombre nuevas y desconocidas danzas de encuentro, contacto y retirada.

Soy una mujer consciente, libre y salvaje que abraza la impermanencia, comprometida con su camino espiritual y su proceso de individuación hasta los huesos.

Y de este proceso personal destilo la quintaesencia para acompañar a quienes así lo sientan.

Gracias a la Vida.

Texto © Ascensión Belart

Foto © Aina Climent Belart

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La adolescente interior

A menudo hablamos de conectar con el niño y la niña interior, ahora bien, también podemos reconectar con el/la adolescente que fuimos viéndola/o, hablando con él o ella, dejando que exprese su voz, reconociéndola/o y aceptándola/o por completo. ⠀⁠

⁠Reencontramos con el/la adolescente que fuimos: curiosa, rebelde, reivindicativo, autoafirmativa, con ganas de comerse el mundo y ser independiente; que anhelaba experimentar, sentirse libre, arriesgarse y tomar distancia de la familia. Reconocerla, reconocerlo para integrarla e integrarlo.

Podemos aceptar y validar también la energía sexual que desprendía sin vergüenza, culpas ni remordimientos y su deseo de experimentar la intimidad sexual como una manifestación de  vitalidad instintiva y de la necesidad emocional de ser abrazada, sostenida, amado. Y también aceptar y validar sus dificultades con la sexualidad y el miedo a las relaciones íntimas, tal vez hubiera motivos para ello.

C.G Jung denominó puer aeternus al arquetipo del adolescente y puella aeterna al arquetipo de la adolescente representada en la mitología como Kore (en griego «doncella»).

El hecho de reconocer e integrar al adolescente genera apertura, energía y vitalidad; facilita la recuperación del espíritu filosófico, crítico e idealista con aspiraciones para transformar el mundo.

Cuando rechazamos al adolescente que fuimos o lo ignoramos, excluimos y dejamos en la sombra sus cualidades y potencialidades, y tal vez estemos en guerra con dichos aspectos.

Al integrarlo y reconciliarnos con él o ella con ternura, sin mostrarnos duros con su vulnerabilidad, sus miedos, errores, inseguridades y carencias nos sentiremos más integrados y menos fragmentados. Para reconectar con el/la adolescente interior podemos inspirarnos mirando fotos y ver las emociones que nos suscitan.

Ahora sonrío al recordar la manera en la que la adolescente que fui rechazó con contundencia a la niña por encontrarla demasiado sensible y en un arranque autoafirmativo quemó sus diarios en una original formación rocosa de granito en la Sierra de Madrid que en mi familia denominábamos “La cueva de los lobos”. Ahí tomó el mando y decidió suprimir su vulnerabilidad transformándola en rabia autoafirmativa, algo que en realidad no era posible y que trajo consigo numerosos conflictos interpersonales.

En verdad, podemos elegir entre ser nuestro/a peor enemigo/a o nuestro/a mejor aliado/a, dependiendo de si nos rechazamos o elegimos aceptarnos por completo en todas nuestras partes.

A LA ADOLESCENTE QUE FUI LE DIRÍA:  

  • Confía en ti, confía en la Vida, mantente conectada a tu Yo Superior, a algo más Grande.
  • Ámate a ti misma, respeta tus tiempos, ritmos y necesidades, aprende a canalizar tu energía vital/sexual para no depender del otro, permanece conectada y aprende a nutrirte con todo aquello que te atrae e inspira.
  • Mantén tu rumbo, enfócate en tus asuntos, no te distraigas ni pierdas el tiempo en relaciones de dependencia, cuida de tu energía vital, no la derroches.
  • Otórgate el derecho de poner límites a tiempo y no cuando ya sea tarde y explotes y dañes al otro y a ti misma de paso sintiéndote culpable. Di NO con claridad y firmeza.
  • Recuerda: todo es posible, mereces, tienes todas tus capacidades a tu disposición. El universo te apoya y quiere que te realices.
  • Practica el cultivo de tu soledad. Todo el amor que necesitas vive dentro de ti, eres guiada y sostenida.
  • Mantente conectada a tu centro, eres valiosa, aprecia y cuida de tu vulnerabilidad como señal de sensibilidad.
  • Se fiel a ti misma. Amate, acógete, sostente, respétate, abrázate fuerte ante las inclemencias ambientales y confía en la Existencia.
  • No corras, ve despacio, que a donde tienes que ir es a ti misma.

Texto original © Ascensión Belart

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