Una generación de sacerdotisas

“Veo aparecer una generación de sacerdotisas capaces de entender nuevamente el lenguaje del alma”. C.G. Jung

Cada año crece exponencialmente el número de mujeres comprometidas en su proceso de autoconocimiento y crecimiento personal. Mujeres conscientes, sanadoras, chamanas, sacerdotisas, danzarinas, mujeres salvajes. Mujeres que sanan y ayudan a sanar a otras mujeres. Mujeres que crean sororidad vinculándose en círculos de mujeres creciendo, gozando, creando juntas.

Mujeres que han integrado a su niña interior y están integrando su masculino junto a su femenino, equilibrando ambas polaridades. Porque no se trata tan solo de integrar lo masculino sino de equilibrarlo con lo femenino, de la fusión ponderada de ambos arquetipos.

Y continuar con el proceso de individuación, iluminando también las sombras, haciendo un trabajo interior comprometido, profundo y honesto.

Al fin, un proceso de alquimia: integrar para entregar y entregar para integrar.

C. G. Jung, psicoterapeuta visionario lo vislumbró hace ya varias décadas, y es un hecho, está aconteciendo. Y es un proceso colectivo esencial, vital para la humanidad y para la madre Tierra; una labor que estamos realizando las mujeres en la que el AMOR es protagonista de la re-evolución, el verdadero motor del cambio.

Escritoras, artistas, bailarinas, investigadoras, terapeutas, psicólogas, maestras de reiki, de yoga, de tantra; enfermeras, comadronas, profesoras, doctoras, abogadas; mujeres que bailan, mujeres medicina que ayudan a otras a desbloquear su cuerpo, a expandirse y gozar del placer orgásmico.

Mujeres emprendedoras, directivas de empresas sostenibles y ecológicas, mujeres en la esfera de la política, de la educación, de la salud cuyo propósito es poner más alma en todos los ámbitos de la sociedad desde las cualidades de lo arquetípicamente femenino: ser, sentir, cuidar, amar, colaborar, compartir, sostener.

Mujeres en las que lo femenino y masculino operan integrados.

Círculos de mujeres que conocen los ciclos de vida/ muerte/ vida al estar conectadas con sus ciclos menstruales, que crean desde la unidad útero, corazón y conciencia. Mujeres conectadas con su biología, gestando y dando a luz vida no solamente humana: sueños, propósitos, proyectos y anhelos.

Mujeres que dan vida dando muerte a lo ilusorio, que tienen fe en que pueden materializan sus sueños. Mujeres que sanan, mujeres que se vuelven diosas, soberanas, reinas, guardianas de la luz liderando la revolución del amor, ocupando su lugar.

Mujeres libres de condicionamientos al dejar de repetir patrones de madres, abuelas y ancestras, actuando desde nuevas respuestas no condicionadas; mujeres que implementan en su mente nuevos programas de abundancia, merecimiento, poder y libertad.  

Mujeres innovadoras que prosiguen el legado de sus antecesoras. Mujeres liberadas de luchas de poder, responsables de su bienestar, conscientes de su poder creador, guiadas por su intuición, con ganas de expandirse y crecer.

Veo a mi alrededor mujeres que lideran el cambio, tejedoras de redes, que están gestando y dando a luz una Nueva Tierra desde una conciencia liberada del pasado. Mujeres sabias que saben que su cuerpo, su corazón y su útero son templos sagrados, que conocen el poder de la energía sexual e integran una sexualidad sagrada a través del placer, del gozo, el éxtasis y las plegarias.

Mujeres que conocen el poder del Sagrado Femenino, presente también los hombres que lo honran.

Las mujeres creamos vida, cuidamos y nutrimos la vida, tenemos el poder de ayudar enfocando nuestra energía en CUIDAR, cuidándonos. Es el trabajo que hago acompañando a las mujeres que vienen a hacer terapia conmigo, un privilegio conocerlas en profundidad, ver sus limitaciones, sus heridas y condicionamientos; ver lo que necesitan que no saben o se permiten darse y también su afán por sumergirse en un proceso terapéutico que las enseñe a amarse, cuidarse, respetarse, priorizarse y ser leales a sí mismas.

Un proceso imparable que avanza con celeridad. Lo requiere la Vida.

En verdad, cada vez somos más las mujeres que se aman, se cuidan y enseñan a otras a hacer lo mismo desde la fuerza de su vulnerabilidad; mujeres que quieren cambiar el mundo transformando su entorno a través de vínculos de amor, cuidado, respeto, comprensión, empatía y compasión.

Las mujeres nos estamos transformando y juntas estamos transformando el mundo.

Como exhorta el mantra sagrado del Sutra del Corazón: Gate, gate, paragate, parasamgate. Bodhi swaba!

“Juntas, juntas, vamos juntas, más allá del más allá, hasta la realización última».

P. D: Y necesitamos hombres que se unan para completar dicha transformación.

Escrito pensando en mi madre, mis hermanas, amigas, maestras, terapeutas y todas las mujeres me inspiráis. Gracias!

FELIZ SOLSTICIO DE VERANO/INVIERNO a todas! ☀️❄️

Texto © Ascensión Belart

Imagen: Edward Burne-Jones. La boda de Psique (1894)

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El poder de la responsabilidad emocional

Alix Aymé, The girl with golden ayes

¿Maestro, que significa trabajar con uno mismo?

Es dejar de esperar que el otro cambie.

Últimamente estoy trabajando en consulta con varias parejas y advierto que una gran mayoría de personas sigue esperando que el otro cambie, lo que es una absoluta pérdida de tiempo y de energía porque así no funcionan las cosas. Se cambia por propia voluntad, mediante un trabajo honesto y comprometido y no porque el otro lo espere, exija o reclame.  

Es curiosa la dificultad que tienen algunas/os para pedir lo que necesitan que pone de manifiesto la creencia de no merecimiento arraigada en la infancia al sentir que mamá y papá no estaban disponibles y no se lo iban a proporcionar. Han interiorizado un patrón de retraerse, callar, resentirse, exigir, reclamar y dolerse, en lugar de pedirlo por las buenas. Cuando se repiten actitudes de quejas, exigencia y reproches las cosas se mantienen igual hasta que empeoran; tu pareja no te lo va a dar porque te quejes, hagas reproches, cuestiones o critiques, la única posibilidad es arriesgarse a pedirlo. Aprender a pedirlo bien.

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Útero: el cáliz sagrado

Ryan McGinley

Ryan McGinley

 

Hoy en día a menudo hablamos de las heridas emocionales y de la conexión con el corazón, sin embargo desde hace tiempo crece el número de mujeres que estamos poniendo el foco de atención en el útero por ser la sede de la vida, el órgano de gestación del embrión, el recipiente donde se realiza la función reproductora, donde convergen el óvulo y el espermatozoide, elementos esenciales para crear vida.

Si bien es cierto que una mayoría de las personas están desconectadas de su corazón, más cierto aún es que la inmensa mayoría de las mujeres están desarraigadas de su útero, desconectadas de su matriz, de su hara o centro vital. En su biografía hay heridas sexuales, sucesos traumáticos, abortos provocados o espontáneos, acumulación de memorias ancestrales y una profunda desconexión de su potencial femenino que se encuentra contraído, excluido, bloqueado. Sigue leyendo