El poder de la responsabilidad emocional

Alix Aymé, The girl with golden ayes

¿Maestro, que significa trabajar con uno mismo?

Es dejar de esperar que el otro cambie.

Últimamente estoy trabajando en consulta con varias parejas y advierto que una gran mayoría de personas sigue esperando que el otro cambie, lo que es una absoluta pérdida de tiempo y de energía porque así no funcionan las cosas. Se cambia por propia voluntad, mediante un trabajo honesto y comprometido y no porque el otro lo espere, exija o reclame.  

Es curiosa la dificultad que tienen algunas/os para pedir lo que necesitan que pone de manifiesto la creencia de no merecimiento arraigada en la infancia al sentir que mamá y papá no estaban disponibles y no se lo iban a proporcionar. Han interiorizado un patrón de retraerse, callar, resentirse, exigir, reclamar y dolerse, en lugar de pedirlo por las buenas. Cuando se repiten actitudes de quejas, exigencia y reproches las cosas se mantienen igual hasta que empeoran; tu pareja no te lo va a dar porque te quejes, hagas reproches, cuestiones o critiques, la única posibilidad es arriesgarse a pedirlo. Aprender a pedirlo bien.

Aprender a pedir lo que se necesita desde el corazón y no desde las defensas del ego, en primer lugar pedírselo a una/o misma/o y proporcionárselo. Una y otra vez observo estas dinámicas en las relaciones, veo que la gente se desespera y dice que el otro “no entiende lo que necesito” y yo les digo que no es que no lo entienda, a veces es que no lo quiere entender o no lo quiere aceptar. Y sucede así porque sabe que aguantando el chaparrón todo continuará igual. Ahora bien, sobre todo muestra que la/el que no se entiende, la/el que no se escucha, la/el que no se atiende es una/o misma/o, y continúa repitiendo patrones de infancia.

El cambio empieza por hacerse cargo de las propias necesidades, cuidarse, escucharse, atenderse, proporcionarse lo que se necesita. Significa escuchar al niño o la niña interior, realizar esa íntima conexión. Cuando lo hacemos, abrimos la posibilidad a que la energía cambie en el campo cuántico. Todo cambia cuando yo me lo doy, entonces también la Existencia me lo facilita; pero si yo me lo niego, ¿por qué me lo iba dar?

Es más fácil quejarse, reprochar y exigir que pedir porque pedir es mostrar la necesidad, es mostrar la vulnerabilidad sin defensas. Pedir es más arriesgado porque en el reproche, en la culpabilización, la exigencia y el resentimiento no se muestra, se está protegido por el caparazón del ego, reaccionando desde la defensividad. Permanecer enganchada/o a lo que el otro hace o no hace, dice o no dice es síntoma de desconexión, habla de que una/o no mira por sí misma/o.

A veces no es fácil, por ejemplo, cuando la mujer está criando niñas/os pequeños, pero siempre hay maneras para darse eso que se necesita, escucharse y hacerse responsable de las necesidades emocionales. En la infancia esperábamos que nos lo dieran nuestros padres, en especial nuestra madre, pero cuando somos adultos no podemos seguir con la cantinela de que el otro no me hace caso, de que el otro no me lo da, de que el otro no me mira o no me entiende. Eso no genera nada más que victimización, frustración, resentimiento y rencor.

La responsabilidad emocional da poder y libertad. Significa que te reconoces como persona adulta con el poder, la fuerza y la capacidad para cuidar de ti. Si lo esperas del otro te vas a desesperar, te encontrarás perdida y desempoderada y te sentirás desvalida, impotente o víctima. La vía directa es conectar con las propias necesidades, conectar con lo que sentimos y necesitamos, y facilitárnoslo. Sentirnos responsables nos ayuda a encontrar la manera de dárnoslo. Si lo esperamos del otro, tal vez no llegue nunca.

La dinámica de “tú por mí, yo por ti” genera relaciones de dependencia de las medias naranjas. Hay personas que dicen: “si lo tengo que pedir ya no lo quiero”, una afirmación que presupone que tu pareja te tiene que adivinar, como hacen las madres con los niños pequeños. Cada quien tiene que ocuparse en primer lugar de sí mismo y después de su pareja.

Ahora bien, si has aprendido a mirar por ti y sientes que no hay reciprocidad, que tu pareja es poco empática o narcisista y no te ve, no le importas o no quiere aceptar tus necesidades es probable que tengas que ser valiente y en lugar de seguir quejándote y protestando, pensar en decir adiós.

Hay hombres y mujeres que cuando no están en una relación más o menos funcionan, pero en cuanto se involucran emocionalmente la vuelven a liar porque se olvidan de sí mismas, se abandonan, se vuelcan en el otro y dejan de mirar por ellas. Para salir de dichas dinámicas es preciso llegar acuerdos desde el corazón, acuerdos desde la vulnerabilidad y no desde el ego, no desde la tensión del cable de guerra. La verdad es que a nadie le apetece abrazar a un erizo por muy monos que sean.

Enseñamos los pinchos para defendernos de mostrar la vulnerabilidad, lo que genera una mayor soledad, nos encierra en una cárcel que nos aísla y no conduce a ningún lado.

Y vuelvo mis dichosos ochos. Si, son dichosos cuando uno se conecta con sus necesidades y deja de jugar a juegos de intentos de control y manipulación porque en el fondo detrás de esos jueguitos hay una niña, un niño que no sabe pedir bien, que lo exige, que no se siente merecedor y lo pide desde los reproches y las exigencias del ego. Y los egos se defienden, rivalizan, se oponen, se polarizan y no consiguen lo que se necesita.

A veces tu pareja no te lo da porque no sabe dárselo a sí mismo, porque también está desconectado, porque tampoco se hace cargo de sus necesidades básicas y tal vez trabaja demasiado y no se escucha, por eso no lo comprende. Y en realidad, quien tiene que comprenderlo eres tú, quien tiene que entender lo que necesitas y dártelo eres tú, sí tú. Tú eres tú propia madre y también tu padre, una madre que te nutre y sostiene y un padre que te guía y señala la dirección en la que seguir avanzando.

Se puede dar permiso a que la niña o el niño lo exprese en voz alta y jugar a repetir la cancioncilla: “es que no me lo da, es que no me ve, es que no atiende, es que no me lo da, es que no me escucha, es que no me valora, es que no me quiere, es que no le importo…”

Y si te fijas bien, quien no se ve, quien no se valora, quien no te importas, quien no te lo das, eres tú.

Es preciso avanzar en la conquista de la autonomía, crecer en autodependencia, dejar de alimentar relaciones insanas, dependientes y competitivas para crear nuevas relaciones sanas e interdependientes. Un básico que una gran mayoría de personas no tiene integrado por lo que siguen generando(se) sufrimiento y esperando que el otro les sostenga, les resuelva, les haga de papá y de mamá.

Un programa BÁSICO que tenemos que implementar -extensible a todas nuestras relaciones- para progresar en el proceso de individuación, y que es prioritario porque cuando uno/a no se hace cargo de sus necesidades se establecen dañinas e infructuosas luchas de poder en las que se sigue compitiendo en lugar de colaborar para formar un buen equipo, crear juntos el día a día y disfrutar de una vida compartida llena de dicha, risas y placer.

Si te haces cargo de tus necesidades y asumes las consecuencias de tus actos y decisiones te conviertes en el ser adulto que necesitaste en tu infancia y generas amor por ti misma/o, bienestar, libertad y poder de creación en lugar de sufrimiento, frustración, impotencia, desvalimiento y desesperación. Escuchar y atender las necesidades emocionales y también las sexuales.

Y así, pasarás a un nivel en el que crearás una relación de pareja entre adultos conscientes que se hacen cargo de sus niños fácil, sana y satisfactoria en la que disfrutar de nuevas y creativas formas de vinculación en la que poder experimentar una sexualidad sagrada, que es lo que los seres humanos anhelamos.

Sal del drama, deja de generar(te) sufrimiento y aprende a identificar y a brindarte todo aquello que necesites.

Texto original © Ascensión Belart

Arte: Alix Aymé, The girl with golden ayes

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